martes 12 de julio de 2011

Unas palabras para Izquierda Unida de Extremadura



Tras un mes de reflexión y debate asambleario, concienzudo y transparente, en Izquierda Unida de Extremadura tomasteis vuestra decisión: abstención de los tres diputados autonómicos de la izquierda en la sesión de investidura de la Presidencia de la Junta de Extremadura. ¿Quién, en su sano juicio democrático -sin intereses mezquinos e inconfesables de por medio-, podría poner en entredicho la ejemplaridad del método? ¿No es exactamente eso -horizontalidad y transparencia- lo que están exigiendo hoy cientos de miles de ciudadanos en las calles a los partidos políticos?

A mí no me gusta un pelo que a Extremadura la gobierne el Partido Popular. Pero no ha sido IU la que ha cedido decenas de miles de votos al PP para engrosar su victoria en las urnas, ni la que ha ejecutado políticas neoliberales que han allanado su camino hacia el poder. Y, en cambio, sí resulta extraordinario el respeto mostrado a las bases y la militancia de su partido por parte de los líderes autonómicos de IU, así como la paciencia y la prudencia mostrada por estos últimos durante semanas de un desmesurado, no deseado y, en muchas ocasiones, malintencionado protagonismo mediático.


¿Que se ha incumplido un acuerdo anterior? Para eso están las bases vivas de una izquierda viva, para actualizar o desechar compromisos que el tiempo o las circunstancias han convertido en obsoletos. ¿Que los líderes de IU federal están molestos y amenazan con sanciones? No es la primera vez, ni será la última, que quienes habitan las cumbres pierden la perspectiva de lo que acontece en los valles. ¿Que quienes con vuestra decisión pierden importantes parcelas de poder -y quienes les sirven de voceros desde algunos medios de comunicación- os vilipendian y maldicen sin descanso? Más valor toma la decisión justa cuando se toma contra corriente -que se lo pregunten a los muchos Galileos que en la historia del mundo han sido.


Vuestra decisión de abstención no sólo representa el sentir más que mayoritario de las bases y el electorado de la izquierda extremeña, sino que es, con toda seguridad, la más limpia y ética de las posibles salidas del charco de razones y vísceras en que algunos han pretendido ahogar vuestra capacidad de razonar y decidir.


Desde la oposición, haced propuestas de izquierdas. Impulsad el viraje ético y progresista que necesita la vida pública extremeña. De la mano de los movimientos ecologistas, del (genuino) sindicalismo de clase, de los jóvenes indignados de las plazas, IU ha dado con su decisión un nuevo y decisivo paso hacia una regeneración democrática de la izquierda en nuestra tierra.


Señores diputados Escobar, Casco y Nogales, líderes, cargos públicos, militantes y simpatizantes de Izquierda Unida de Extremadura: dormid tranquilos. Pase lo que pase, llueva lo que llueva (aunque lo que llueva ahora sean sobre todo piedras), la difícil decisión que habéis tomado camina con ambos pies por sobre el sendero de la honradez y la dignidad -ese que es propio de la izquierda, y del que nunca debe desviarse, si es que pretende seguir siendo merecedora de ese nombre.


¡Salud y República!

martes 30 de noviembre de 2010

En defensa del laicismo. Sobre Iglesia y democracia en España


"Mirad, Señor, cómo llora España porque acaba de perder a quien le dio la paz, la tranquilidad, el progreso, la tecnificación, la elevación del nivel de vida, la industrialización,... Pidamos a Dios que ponga en la balanza del amor y del premio los sufrimientos, los ardores, toda la vida de gigante del espíritu de Francisco Franco, Generalísimo y Caudillo de España". Con estas palabras se dirigía a sus fieles el obispo de Coria-Cáceres, monseñor Manuel Llopis Iborra, en su homilía del 21 de noviembre de 1975, horas después de la muerte de Franco: un buen ejemplo de como la Iglesia española despedía con honores al dictador, de cuyo régimen había sido cómplice y beneficiaria desde su primera hora.

Acostumbrada a su condición de protegida y protectora del poder político desde la misma invención de España por parte de los Reyes Católicos, la Iglesia Católica española se opuso a la Constitución liberal de 1812 como más tarde se opondría, tras la promulgación de nuestra II República, a la Constitución de 1931. Una Constitución racional, moderna, equilibrada, que suprimía algunos de los inaceptables privilegios de los que había gozado la Iglesia durante los siglos precedentes. Esto provocó entre sus jerarcas un comprensible rechazo: religiosos como el cardenal Segura se convertirían en tenaces enemigos de una República que pretendía separar las instituciones eclesiásticas de la vida política para alcanzar un Estado laico con una separación Iglesia-Estado real, en el que se reconociesen la libertad de culto y derechos como el matrimonio y el entierro civil, el divorcio... Los años de la República fueron años de constante y tremenda tensión entre el poder civil democrático y la Iglesia, cuyo clero y sectores ultras se opusieron por sistema y virulentamente a los cambios, crispando insoportablemente la convivencia social.

Viéndose rechazada en sus pretensiones reaccionarias por la fuerza de las urnas, la Iglesia española, y con ella el Vaticano, van a legitimar la sublevación militar franquista, y apoyarán durante décadas al inmisericorde régimen fascista que surge de ella. Tras el golpe de Estado del 17 de julio de 1936 y durante toda nuestra atroz Guerra Civil, la Iglesia española hizo causa común con una parte del Ejército, la derecha “democrática” de la CEDA, la Falange de Primo de Rivera y los grandes capitalistas y terratenientes españoles en su Guerra Santa o Cruzada Nacional. En su nauseabunda “Carta colectiva de los obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de la guerra de España” (9 de julio de 1937) la jerarquía católica en pleno decía que la República y su gobierno legítimo eran un “enemigo sin entrañas” y “una historia horrible de atropellos a la justicia, contra Dios, la sociedad y los hombres”, y que los golpistas se habían alzado en armas “para salvar los principios de religión y justicia cristiana que secularmente habían informado la vida de la Nación española”. El 1 de abril de 1939 el bando nacional-católico se alza con la victoria, que el cardenal Isidro Gomá o el cardenal Enrique Plá y Deniel atribuyen directamente a la mano del Altísimo. Matanzas como la de Badajoz, fosas comunes como la de Mérida, campos de exterminio como el de Castuera, contaron no sólo con la complicidad entusiasta de la Iglesia católica española, sino con la bendición de Pío XI y la felicitación posterior de Pío XII.

¿A cambio de qué? Los sucesivos acuerdos de Franco con el Vaticano en los años 40 culminaron con el Concordato del Estado español con la Santa Sede de 1953, que reconoce expresamente la confesionalidad del Estado, el obligatorio y uniforme catolicismo de los españoles, la consideración de Franco como enviado de Dios,... En suma: una dictadura de militares y curas. Un romance que dio como resultado una Iglesia franquista y un régimen confesional, y que duró hasta la misma muerte de Franco. La Iglesia ejerció durante la dictadura como vigilante de la vida social, moral, intelectual y política en cualquier núcleo de población del Estado español, en los que los curas fueron “fuerzas vivas” imprescindibles, con un protagonismo que quedó reflejado en los Fueros y Principios del régimen franquista. Nunca faltó un sacerdote, obispo o cardenal al lado de Franco en casi cada acto público durante esos cuarenta años, mientras las fachadas de miles de iglesias españolas se adornaron con esas placas de “Caídos por Dios y por España” que aún hoy, inexplicablemente, perviven.

Pero, si la total adhesión al régimen de la jerarquía católica es incuestionable, no puede decirse lo mismo de sus bases. En los años 60, grupos cristianos obreros (ACE, HOAC, HOC,...) comienzan a levantar, desde las mismas entrañas de la comunidad y los valores cristianos, un movimiento de oposición a la dictadura. Un movimiento que se hará masivo en la década de 1970 y alcanzará, no sólo a fieles y curas, sino también a obispos y teólogos, en la estela renovadora y aperturista del Concilio Vaticano II. Del otro lado, grupos integristas como los Guerrilleros de Cristo Rey o Fuerza Nueva se convirtieron en los más celosos y violentos guardianes de una dictadura moribunda.

La agonía de Franco anuncia la inminente Transición, y en ella encontramos una Iglesia de la apertura y la reconciliación (la de monseñor Vicente Enrique y Tarancón) y una Iglesia que sigue anclada en la Cruzada (monseñor Marcelo González, monseñor Guerra Campos,...), que en ocasiones entran en abierto conflicto (“Tarancón al paredón”, solían vociferar los más energúmenos). Muchos cristianos de base se integran en organizaciones progresistas (PCE, PSOE, CCOO, PT, ORT,...) y muchas parroquias se convierten en focos de incesante agitación obrera y democrática. Siendo imposible oponerse a la marea, la Iglesia decide nadar con ella y, de manera sincera en algunos casos y oportunista en bastantes otros, la jerarquía va dejando a un lado su histórica fidelidad al Régimen. Y así consigue, de nuevo, posiciones de privilegio en la Constitución de 1978. En 1979 se establece el nuevo Concordato, ambiguo, confuso, inconstitucional, de nuevo beneficioso para la Iglesia y una pesada rémora para el Estado en asuntos como la enseñanza de la religión, los símbolos religiosos, la financiación de la Iglesia... Así fue que España pasó de ser una dictadura bendecida por los obispos a ser una democracia tutelada y restringida por ellos.

Desde entonces, la Iglesia no ha dejado de ser un pesado lastre para nuestro progreso social y la extensión de nuestros derechos de ciudadanía. Incluso ahora, con un nivel inédito de desafección social en nuestra historia (cada vez menos bodas y entierros religiosos, cada vez menos fieles en las iglesias, cada vez menos vocaciones en los seminarios...), sigue la Iglesia batallando por mantener sus prebendas y sabotear cualquier proyecto legislativo que ahonde en la aconfesionalidad del Estado y la autonomía intelectual y moral de los ciudadanos.

El último ejemplo de esta constante injerencia en los asuntos civiles han sido las improcedentes, inoportunas y mendaces declaraciones del papa Benedicto XVI, durante su reciente visita a Santiago y Barcelona, sobre el supuesto “laicismo galopante” en España, similar según Ratzinger al de nuestra II República... ¡Más quisiéramos algunos! Inexplicablemente, la Iglesia ha vuelto a disponer en esta ocasión de cuantiosas ayudas económicas de las instituciones públicas (o sea, del dinero de todos nosotros) para subvencionar su labor pastoral y, de paso, leernos el catecismo a los ateos, agnósticos y cristianos progresistas españoles por nuestros pecados, mientras su jerarquía sigue instalada en sus riquezas, alejada de la humildad del Evangelio, sin pedir perdón ni mostrar arrepentimiento o autocrítica alguna por sus barbaridades históricas y sus terribles atentados contra la libertad. Y para mayor escarnio, el rey Juan Carlos agradece la vista papal y la considera “un acto de generosidad”, ¡manda trillos la cosa! ¿Generosidad para con quien? ¿Para con los parados? ¿Para con los pensionistas? ¿Para con los dependientes? ¿Para con los inmigrantes? ¡Ya está bien!

Hace 35 años que este país se libró del dictador genocida que tiñó de opresión y dolor la vida de varias generaciones de españoles. Nuestra democracia está más que madura para dejar atrás tabúes, cortapisas y chantajes. Ya va siendo hora de consumar una efectiva separación Iglesia-Estado que nos libere de la tutela teocrática que ha ensombrecido la historia de España desde hace ya demasiado tiempo. Hacen falta ya la denuncia del Concordato y una Ley de Libertad Religiosa respetuosa de las creencias de todos, pero severa en su defensa de un Estado plena y consecuentemente aconfesional. ¿Tendremos que esperar aún mucho más para ver cumplidas estas legítimas y mesuradas aspiraciones cívicas?

lunes 25 de octubre de 2010

“Y los que no trabajan, ahítos...”. Sobre la obra y la vida de Pedro Mirón García, socialista extremeño (1897-1936)


Queremos que desaparezca la cruel injusticia existente de que los creadores de riquezas carezcan de ellas. No queremos que siga por más tiempo la farsa inhumana de respetar el orden establecido. ¡Bonito orden! Los que trabajan, hambrientos. Los que no trabajan, ahítos...”. Hermosas y combativas palabras del socialista chinato Pedro Mirón García, que tras décadas de silencioso ostracismo, vuelven por fin a resonar con la fuerza que merecen y, por qué no decirlo, tan oportunas como las hacen las circunstancias históricas, políticas y sociales que atravesamos. El sábado 9 de octubre tuvo lugar, en una sala repleta de público del conventual San Francisco de Béjar, la presentación del libro Pedro Mirón García. Antología de su legado documental, compilado, anotado y editado por su hijo, Higinio Mirón Fernández.


Este libro es una recopilación de escritos de distinta naturaleza (correspondencia personal, documentos de su actividad política, colaboraciones de prensa,...) seleccionados de entre el amplio legado documental de Pedro Mirón García, que en 1999 fuera entregado por sus hijos a la custodia de la Fundación Pablo Iglesias. Es un libro que recoge la obra, y a través de esta, la vida de un hombre abnegado y valiente, que luchó incansablemente por Malpartida de Plasencia, su pueblo, de cuya agrupación socialista local fue fundador y de cuyo Ayuntamiento fue secretario, y por sus gentes más humildes. Una lucha en favor de los desposeídos que sería la causa de su fusilamiento en agosto de 1936, a los 39 años de edad, tras ser detenido unos días antes por falangistas placentinos. Además de este acopio documental, el libro aporta datos biográficos de Pedro Mirón, así como del hallazgo y recuperación de su cadáver tras la muerte del dictador y de los homenajes recibidos con posterioridad.


El autor de esta compilación, Higinio Mirón, nació en Malpartida de Plasencia en 1932 y, siendo aún joven, se estableció en Béjar para trabajar como administrativo. Desde los años 70 ha desempeñado distintos cargos en la Unión General de Trabajadores, en el Ayuntamiento bejarano y en la Diputación Provincial salmantina. Ha publicado artículos y trabajos históricos, y ahora este libro, dedicado a la recuperación de la memoria familiar, con el fin de honrar y dar a conocer la obra y vida ejemplares de su padre, el ciudadano Pedro Mirón García.


El acto de presentación fue impresionante y conmovedor. Intervinieron primero Cipriano González, alcalde de Béjar y secretario general de los socialistas bejaranos, Miguel Miñana, presidente del PSOE de Béjar (e hijo de fusilado) y Luís Felipe Comendador, escritor y agitador cultural (y nieto de fusilado). Todos ellos hablaron de guerra civil y posguerra, de verdugos y víctimas, de fascismo y de fosas, de democracia y de libertad, de memoria y de dignidad, de impunidad y de justicia, y unánimemente elogiaron el trabajo y la persona de su amigo Higinio Mirón. Tras ellos, un nieto de Higinio pronunció en nombre de la familia unas palabras de agradecimiento, y un joven pianista interpretó unos movimientos de Beethoven y Mozart.


Finalizó el acto con la intervención del autor, Higinio Mirón. Con emoción y lágrimas a duras penas contenidas, reflexionó y nos hizo reflexionar sobre un momento histórico, no tan lejano, en el que la vida de ciudadanos ejemplares como su padre fue segada, sus esperanzas frustradas y su dignidad silenciada. Con la voz a veces firme, a veces entrecortada por breves silencios rotos por sentidos aplausos, fue desgranando algunas de las gestiones realizadas por su padre, ampliamente documentadas en este volumen, por mejorar la vida de Malpartida de Plasencia y de sus gentes, en relación a asuntos diversos como el ferrocarril, el agua, la electricidad, el teléfono o el grupo escolar, así como su constante trabajo de concienciación y formación de los trabajadores chinatos, a los que instó a huir de la resignación y de la apatía y confrontar, mediante la acción política y sindical, las injustas desigualdades sociales y la salvaje explotación económica que, como el conjunto de la clase trabajadora de nuestro país, padecían. También supimos cómo en 1979 (casi tres décadas antes, es preciso apuntar, de que fuera promulgada la actual Ley de Memoria Histórica), fueron exhumados en la finca El Almendral de Oliva de Plasencia los restos mortales de seis fusilados (Julio Durán, Consuelo Alonso, Abelardo Montero, Joaquín Rosado, Eleuterio González y el propio Pedro Mirón), y cómo el largo cortejo fúnebre recorrió las calles y la Plaza Mayor placentina ante el asombro general de la ciudadanía, antes de tomar rumbo a Malpartida, donde finalmente recibirían merecido homenaje y digna sepultura.


No cabe sino agradecer el empeño puesto por Higinio Mirón en la edición de este volumen, que es a la vez memoria histórica personal para él y su familia, y memoria histórica colectiva para todos los extremeños y extremeñas de bien. Una memoria histórica de interminables tesones y terribles sacrificios por la dignidad humana, la legitimidad democrática y la justicia social, y que hoy nos sirve, decía Luís Felipe Comendador en su intervención, “como un hermoso punto de partida para comenzar a configurar un futuro mejor y más justo”. Una memoria llena de esperanza a la que el nombre del ciudadano Pedro Mirón García se reintegra ahora, en la plenitud de su palabra y de su ejemplo, para no ser ya nunca más olvidado, y para servirnos de inagotable inspiración ante las luchas y los empeños que sin duda nos depara el mañana.

miércoles 6 de octubre de 2010

Gritemos. Sobre la deportación de gitanos en Francia


Nicolás Sarkozy, presidente de la República Francesa e hijo de inmigrantes (húngaro el padre, griega la madre), está expulsando de su país a miles de ciudadanos rumanos y búlgaros de etnia gitana (es decir, a ciudadanos de países europeos, miembros de pleno derecho de la Unión), apoyándose en argumentos y empleando procedimientos que solo pueden llenar de asco y de rabia a cualquier ser humano que conozca y respete mínimamente los preceptos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuyo artículo Quinto reza: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos y degradantes”.

Estas deportaciones masivas e indiscriminadas, estas bestiales cacerías de niños, adultos y ancianos, son, y digámoslo sin eufemismos, un acto inequívocamente racista, un acto de genuino fascismo. Una barbarie de Estado cometida, y tal vez esto sea lo más preocupante, con el voto y la complicidad de media Francia, y con la tibia reacción (salvo un puñado de honrosas excepciones) del resto de Estados de la Unión Europea, de la Comisión Europea, de Naciones Unidas...

Nicolás Sarkozy, mediocre estudiante, histrión megalómano, político conspirador y trapichero, de escasa talla intelectual y repulsiva textura moral, emprende esta cruzada racista justo en el momento en que es investigado por la prensa y los jueces por su implicación en oscurísimos trasuntos financieros que enredan a algunas de las mayores fortunas de Francia. Calculando el impacto que estas investigaciones puedan tener en sus perspectivas electorales, Sarkozy ha decidido echar las redes en el caladero de votos de la extrema derecha de Le Pen, imitando a Berlusconi (que ya gobierna en coalición con la derecha neofascista y con el apoyo de la mafia, y utiliza desde hace años a los inmigrantes como chivo expiatorio de todos los males de Italia), y con la complicidad del PP europeo. Mientras tanto, liberales, socialistas, verdes y comunistas europeos sólo consiguen pactar un tibio rechazo del Parlamento Europeo, que no se traducirá en ninguna acción ni medida concreta para frenar esta ignominia.

De sobra sabemos que no existe la discriminación por ser extranjero, ni de otro color, raza, sexo o religión. La única discriminación es la de la miseria. No hay rechazo al extraordinario deportista negro, ni al gran bailaor gitano, ni al genial modisto gay, ni al jeque árabe que varias semanas al año ocupa en exclusiva con su séquito un hotel, una playa y una clínica en la costa mediterránea. Pero se mira con recelo y desprecio al que duerme bajo cartones, en un cajero, en el metro, bajo un puente o en parque más cercano. Políticos populistas de extrema derecha como Berlusconi o Sarkozy se aplican en encender estos sentimientos, y ganar votos a costa de cargar sobre la espalda de los excluidos todo el malestar social que provocan las acciones de políticos corruptos, especuladores financieros, patronos abusivos, empresas contaminantes, mafias que esclavizan inmigrantes, clérigos pederastas, gobiernos adictos a la guerra...

No se acaba con la exclusión social con medidas discriminatorias. Y menos aún, con comportamientos fascistas como los de Nicolás Sarkozy. La integración vendrá de la mano de normas de convivencia que todos debemos respetar, pero también de un derecho justo y real al trabajo, a la sanidad, a la educación, a la vivienda... Aplíquense las leyes al individuo concreto que las infringe: al gitano y al payo, al negro y al blanco, al autóctono y al recién llegado... Y paremos, de una puta vez, esta oleada maldita de cortinas de humo que, a beneficio de los grandes delincuentes de Estado y Mercado, castigan colectivamente a ciudadanos que, al padecimiento de la exclusión social, deben añadir ahora el horror de la persecución.

Europa camina de vuelta hacia el fascismo. Releamos a Walter Benjamin, releamos a Antonio Gramsci, releamos a Primo Levi, releamos a Marcos Ana, releamos a Anna Frank... Esa es, otra vez, la Europa que viene. Releamos a las víctimas del fascismo, conmovámonos con su sufrimiento y tomemos lección de sus experiencias. Y luego, en lugar de callar, llorar o rezar en silencio, tomemos las calles y las plazas, y gritemos.

[Publicado originalmente en el nº 7 (septiembre de 2010) de Ambroz Información. Edición digital en http://www.radiohervas.es/]

domingo 22 de agosto de 2010

Altar y trono (y crisis). Sobre las próximas visitas papales a España


En fechas recientes, el rey Juan Carlos pidió solemnemente al Apóstol Santiago ayuda en todos los sentidos: para superar las dificultades económicas, para vencer al terrorismo, para que estemos unidos y orgullosos de ser españoles, para que generosamente ayudemos a resolver los problemas ciudadanos y (lo que se nos antoja aún más difícil) para que ilumine el juicio de nuestros políticos.


Reflexionemos sobre este asunto a ver si conseguimos poner un poco de luz en medio de tanto Divino Misterio: en un Estado supuestamente aconfesional (que tal cosa figura en nuestra Constitución, aunque no lo parezca a la vista de tanto alcalde en procesión y tanto cura en el colegio), el máximo representante de una institución tan anacrónica como la monarquía (es decir, el rey, al que ni usted ni yo hemos tenido la oportunidad de votar) le pide a la estatua de un santo (que murió hace casi 2000 años y a 4000 kilómetros de distancia de Santiago de Compostela) que arregle nuestra crisis económica y el resto de los problemas que nos afectan. O sea, que haga el milagro de sustituir la floja gestión de nuestros representantes democráticos y convierta este desbarajuste de país en el País de las Maravillas (donde Alicia será, naturalmente, una reina).

Ni Iker Jiménez en su programa “Cuarto Milenio”, sobre fenómenos paranormales, se atreve a dar una noticia como esta con la pasmosa naturalidad con que la ofrecieron los medios de comunicación (que, por lo visto, deben pensar que la ciudadanía española es mayoritariamente imbécil, o sigue recluida en las mazmorras psicológicas y culturales de la Edad Media).

Pues bien, en el caso de que la estatua del Apóstol Santiago no hubiera oído o prestado atención a las palabras del rey, no debemos preocuparnos: este otoño (6 y 7 de noviembre) viene de visita a España el Santo Padre, que suponemos goza de más cercanía y predicamento con el Apóstol. Viene a bendecir el Año Santo compostelano y, de paso, a consagrar el templo de la Sagrada Familia de Barcelona. En agosto de 2011 volverá, en esta ocasión a Madrid, a celebrar una Jornada Mundial de la Juventud. Sumado todo ello serán alrededor de tres días de visita papal (como pastor supremo de una religión y no como jefe del Estado Vaticano, quede claro). No sabemos si estas visitas nos ayudarán o no a salir de la crisis, pero sí que la broma nos costará 50 o 60 millones de euros. ¿Han oído ustedes bien? Para mejor entendernos: la friolera de unos 10.000 millones de pesetas de las de antes.

Semejante pastizal no lo aportarán a escote los fieles seguidores de la mencionada religión, la Conferencia Episcopal o el propio Vaticano. Lo pagaremos todos, bien por la vía de los gastos asumidos por las administraciones públicas (organización, seguridad, escenarios, pantallas gigantes,...), bien mediante el patrocinio de 40 grandes empresas que, tras correr con los gastos, nos los repercutirán luego a los consumidores en la factura, y encima se beneficiarán después de jugosas exenciones fiscales. Resulta difícil creer que estas empresas, colaborando con la jerarquía eclesiástica, están financiado un futuro chalecito en un paraíso celestial que no merecen y en el que no creen. Simplemente, están mejorando el paraíso del que ya disfrutan en la Tierra sus directivos y consejeros, hinchando aún más sus abultadas cuentas corrientes y su antidemocrática influencia política.

En su momento, conoceremos las cifras definitivas del evento y sabremos con detalle quiénes se han hecho cargo de ellas. Será interesante saber si, como ocurrió en la anterior visita papal a Valencia, será alguna trama mafiosa (como la de los “chicos de la Gürtel”) la encargada de algunos aspectos de la organización. Y también veremos si el Santo Padre mostrará de nuevo su tradicional afán de injerencia en los asuntos civiles de nuestro país, leyéndonos el catecismo y amenazándonos con todos los males del infierno si votamos lo que a él y a sus colegas purpurados no les sale del anillo que votemos.

Mientras tanto, dice el gobierno que es un acontecimiento “de interés especial”. En condiciones normales sólo sería un evento especialmente caro. En las actuales circunstancias (4 millones y medio de parados, un 20% de la población rozando o por debajo del umbral de la pobreza,...) es una grosera e injustificable puñalada trapera en el corazón de tantos hombres, mujeres, ancianos y niños que están pasando las de Caín para sobrevivir.

Hace años, ya casi ni se oye, nos hacían ver desde publicaciones de izquierdas los tractores que podrían comprarse por el precio de un avión de combate, o las semillas y abonos que podrían sufragarse con lo que costaba un tanque. Pensemos por un momento lo que podría hacerse con el dineral que costará esta visita si el presidente de la Conferencia Episcopal, el presidente del Gobierno y el rey le dijeran al Papa que se quedara en casita rezando el rosario. Respecto a los cuarenta grandes empresarios, mejor no decirles nada; si acaso, recordarles desde nuestra ingenuidad que “los ricos son tan pobres que sólo tienen dinero”, y que, a lo que se trasluce de su bien conocido comportamiento rapaz e insolidario, su verdadera religión no tiene más santo que San Beneficio, ni mejor templo que los bancos suizos y los paraísos fiscales caribeños.

Ciudadanos y ciudadanas: a la vista de tamaño latrocinio revestido de superstición, ¿no sería ya la hora de despertar?

viernes 16 de julio de 2010

Estado de cosas. Sobre crisis, entretenimiento y ciudadanía

Recientemente los países del G-20 se reunieron en Toronto (Canadá) para no adoptar, naturalmente, ni una sola medida sobre el sistema financiero, ni sobre el cambio climático, ni sobre nada (aunque sí se repartieron, como ya es costumbre, unos cuantos y enérgicos mandobles policiales entre los pacíficos manifestantes antiglobalización).


Mientras los mandatarios del G-20 fingen debatir sobre el futuro del mundo, continúa la sangrienta escabechina en Irak, Afganistán, Pakistán o Palestina, y la hambruna y la miseria crónicas en los lugares de siempre; paralelamente, seguimos destruyendo el planeta (agua, tierra, aire, vida) que deben heredar nuestros hijos, y levantando muros reales o virtuales de odio y discriminación; a la vez, vemos como se van descafeinando nuestras democracias, y se degradan las conquistas populares y sindicales habidas desde la Revolución Francesa...


Y, en fin, contemplamos impertérritos esta brutal crisis económica, que unos pocos han creado y otros muchos padecemos, y que es también una monumental crisis de valores éticos y cívicos.


Dejando a un lado la realidad internacional para ceñirnos a nuestro país, tampoco es fácil encontrar un hueco para el optimismo. Según le apetezca a los medios de comunicación (casi todos ultraconservadores o neoliberales, salvo dignas y contadas excepciones) hoy se hablará del burka, de los crucifijos, de la reforma laboral, de los homosexuales, del Estatut, del aborto, de las próximas visitas papales, de Cuba, del paro, de la inmigración, de la violencia de género.,… todo ello desde un punto de vista reaccionario, cuando no abiertamente inquisitorial.


Más difícil resulta encontrar en los medios trabajos serios de investigación sobre el sistema financiero o sobre la corrupción política, por ejemplo. Tal vez porque, llegados a este punto, ya se considere normal que una parte de la clase política, llevada por la ambición, se deje manipular por los poderes empresariales y financieros. Y quizás porque de la usura parasitaria de la banca no es necesario hablar: forma parte de su propia naturaleza, como les ocurre a algunos insectos y arácnidos (las garrapatas, por ejemplo). La ciencia distinguiría entre políticos corruptos y banqueros, hablando de la avaricia adquirida y la congénita.


Pero no todo van a ser malas noticias. España conquista los más elevados honores futbolísticos y la bandera, tanto tiempo en manos de la ultraderecha, vuelve a ser patrimonio de muchos, a la vista de las calles y los balcones patrios. Millones de trabajadores en paro, miles de personas dependientes sin atención, cientos de familias desahuciadas de sus hogares,... ¿qué importa todo eso si se ha conquistado la Copa del Mundo?


Asimismo, hay una noticia a nivel internacional que no quiero dejar pasar de largo por su trascendencia histórica: la reciente boda de la princesa sueca con su entrenador personal, un joven plebeyo. Aristócratas y otros grandes del mundo asisten invitados al evento (incluidos, claro esta, varios miembros de la realeza española) oficiado naturalmente por altos representantes de la Iglesia. Mientras, las clases populares consumen con voracidad todo lo relacionado con el hecho y sus circunstancias (trajes, almuerzos, regalos,…) como si del cuento de Cenicienta/o se tratara (¡es que el novio podría haber sido nuestro hijo!).

Confieso que, aunque tampoco me interesan un pimiento, prefiero las bodas de toreros con folclóricas o de actores con modelos, sobre todo porque las celebran con su dinero, y no con el de los sufridos ciudadanos y contribuyentes. Esto no lo digo gratuitamente: el coste de la boda se cifró en... ¡diez millones de euros! Ya sé que ella, la princesita, como sus regios papás, están ahí por la gracia de Dios (el Señor es a a veces muy gracioso), pero también me consta que ni uno sólo de esos euros ha sido ganado por ella, ni por sus papis, ni por los invitados, ni por los oficiantes, con el sudor de su frente.

A ver si espabilamos o dejamos de mirar para otro lado, pues mientras el mundo lo gobierna un tal Mercado (¿a ese señor quién le ha votado?), nos distraemos alelados y alienados con partidos de fútbol, visitas papales, bodas de cuento de hadas,… esperando que nuestros hijos participen del gran casting nacional para ser artistas, niños prodigio, famosillos de reality-show, políticos corruptos,… en lugar de ciudadanos formados, honrados y solidarios. Y, lo que es peor, asistiendo desmovilizados a la desaparición de los peldaños de libertad, justicia, democracia, derechos civiles,… laboriosa y sacrificadamente escalados por nuestros abuelos, por nuestros padres y por nosotros mismos tras muchos años de lucha.

(Una pincelada de conciencia en este panorama de sombras: las francas y contundentes palabras de Carlos Martínez (en Youtube: parte I, parte II, parte III), presidente de ATTAC-España, entrevistado por Iñaki Gabilondo en CNN+. ¿Qué exige el movimiento social ATTAC? Justicia fiscal, que paguen más los que más tienen, que termine el fraude los paraísos fiscales, que se impongan tasas a los especuladores financieros, que se protejan los servicios y las pensiones públicas... Quizás sea el momento de sumarnos todos a ATTAC, ¿no creen? Pueden hacerlo en http://www.attac.es/)